
La paradoja surge cuando una encuesta efectuada en 2008 por la OCU revela que el 95,5% de los españoles separa los residuos en su casa. La OCU asegura que sabemos dónde tirar un envase de vidrio, de papel o de plástico, pero cuando el residuo es otro, parece no estar tan claro: ¿dónde arrojamos un aerosol, una pila, un vaso roto o una bombilla? Ante la duda, es preferible acudir a los puntos limpios para recuperar los residuos menos habituales, como baterías, fluorescentes, medicamentos, textil, etc. O tirarlo al contenedor gris ya que, en principio, su contenido pasará por una planta clasificadora. Yo creo que el desconocimiento no es el único problema, la dejadez es uno de ellos. Según Eurostat, cada español produce 588 kg por año, 62 más que la media de los 27. Este dato, por sí solo, no es preocupante. Dinamarca, Holanda o Austria superan esa cifra; Alemania, Francia, Italia o Reino Unido presentan niveles similares. ¿Cuál es la diferencia? El tratamiento posterior.
Los datos son positivos si se tiene en cuenta que España se sumó al reciclado en 1997. Sin embargo, desde Ecologistas en Acción y para Greenpeace el sistema no acaba defuncionar y las empresas no se comprometen lo suficiente.
Miguel Catalán
María Colomer